Estuve leyendo un libro cuyo contenido es una colección de 2 obras de Efrén Rebolledo: Salamandra y Caro Victrix. Me gustó una parte de la novela Salamandra, donde el personaje Eugenio León escribe una reflexión en su caso propio pero generalizado. El texto va como sigue:
Quién sabe por qué, decía entre otros sesudos conceptos, la mujer escatima sus encantos como el avaro sus riquezas.
Lo mismo que el avaro, contempla su tesoro a puerta cerrada y a solas.
La mujer, sobre todo la mujer mexicana, abriga un sentimiento de recelo por el hombre que la distingue con sus atenciones, y solamente después de largo tiempo de prueba, le concede poco a poco lo que debía otorgarle generosamente desde un principio.
No se da cuenta del inmenso error que comete.
Es un pecado contra la misericordia no dar de beber al sediento, y una crueldad ministrarle la bebida gota a gota.
Si un enamorado consigue la reciporcidad de sus sentimientos después de muchos afanes, no la considera como una gracia sino como un galardón. Si es impaciente y arrebata con violencia lo que ha demandado con humildad, se lo apropia por concepto de conquista.
¡Cuánto ganaríamos si fuera de otra guisa!
La belleza y la juventud poseen un valor intrínseco, y su precio no puede alterarse por necios escrúpulos.
Acepte la mujer sin ambajes al hombre a quien ama y no sentirá el despecho de verlo tornar la espalda. Deponga su desconfianza [...]
No sea reacia ni parcimoniosa en conceder sus favores, y en vez de que el hombre los tome como una recompensa o un trofeo, los verá como una dádiva y rebosará de infinito agradecimiento.
Quién sabe por qué, decía entre otros sesudos conceptos, la mujer escatima sus encantos como el avaro sus riquezas.
Lo mismo que el avaro, contempla su tesoro a puerta cerrada y a solas.
La mujer, sobre todo la mujer mexicana, abriga un sentimiento de recelo por el hombre que la distingue con sus atenciones, y solamente después de largo tiempo de prueba, le concede poco a poco lo que debía otorgarle generosamente desde un principio.
No se da cuenta del inmenso error que comete.
Es un pecado contra la misericordia no dar de beber al sediento, y una crueldad ministrarle la bebida gota a gota.
Si un enamorado consigue la reciporcidad de sus sentimientos después de muchos afanes, no la considera como una gracia sino como un galardón. Si es impaciente y arrebata con violencia lo que ha demandado con humildad, se lo apropia por concepto de conquista.
¡Cuánto ganaríamos si fuera de otra guisa!
La belleza y la juventud poseen un valor intrínseco, y su precio no puede alterarse por necios escrúpulos.
Acepte la mujer sin ambajes al hombre a quien ama y no sentirá el despecho de verlo tornar la espalda. Deponga su desconfianza [...]
No sea reacia ni parcimoniosa en conceder sus favores, y en vez de que el hombre los tome como una recompensa o un trofeo, los verá como una dádiva y rebosará de infinito agradecimiento.
©Mundo Oskuro 3JC1 XXI
Culiacán, Sinaloa, México
2007

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