Debido a la ineficacia y a la corrupción de los cuerpos policiacos de la ciudad, del estado y del país, me veo en la necesidad de hacer eco por este medio ante la imposibilidad de encontrar protección y seguridad de alguna secretaría.
El pasado sábado 05 de mayo de 2007, alrededor de las 3:30 pm, rumbo a la salida norte de Culiacán, en una caseta de la CROC frente a la Plaza de Toros "La Sinaloense", fui víctima de un intento de secuestro o "levantón" por 3 individuos que se encontraban bebiendo alcohol en ese lugar, a bordo de un vehículo Tsuru color violeta o gris oscuro.
Me había extraviado y estaba buscando a una persona para tratar la renta de un departamento en cerca del fraccionamiento Los Almendros, pero caminé en la dirección equivocada y me alejé unos 600 metros de ese lugar.
Un tipo güero con aspecto serreño, de unos 45 años, tosco y delgado, de aproximadamente 1.80 m de estatura, con cabello algo canoso, piel rojiza a causa del sol, y pómulos salientes fue el que salió a mi paso. Él estaba en el lado de conductor, me preguntó rápidamente sin titubeos, de forma agresiva, que si qué se me ofrecía. Esa actitud y su rapidez me sobresaltaron, presentí que esto tendría un mal fin. Le dije el motivo de estar ahí, pero me preguntó que si quién era, y dado que se trataba de un desconocido, no supe qué responder. Luego, me pidió una identificación y para aclarar todo, le mostré la credencial de elector, y me arrebató la cartera y sacó la credencial de estudiante. Leyó ambas credenciales y me devolvió la cartera. Me di cuenta que no era un asalto porque no tomó el dinero, sino algo mucho peor. La manera en que ese tipo me miraba, me intimidaba, porque rara vez le vi parpadear. Supuse que estaba drogado. Me preguntó que si de dónde era, que si a qué me dedicaba, etcétera. Entonces, le dio mi credencial de elector a un tipo joven, de unos 23 ó 24 años, de piel morena clara, cabello negro, complexión normal no atlética, de 1.75 m de estatura, y usaba lentes oscuros, camiseta verde caqui y pantalón de mezclilla. Observé que estaba también otro individuo a bordo, en el asiento trasero, éste se veía también algo mayor y delgado, que por estar adentro, no logré distinguir otras señas. El morro me preguntó que si de dónde era, y respondí con la verdad. Comenzó a mencionar personas por apodos, y me quedé callado porque no reconocí a ninguno. "¿Conoces al Tury?". Lo que no me gustó en ese momento fue que el güero serreño comenzara a utilizar un tono despectivo hacia mí y de mi procedencia. Supuse, entonces, que el güero trataba de provocarme y así tener un motivo para agredirme físicamente. Por fortuna, dado mi experiencia con ese tipo de personas, busqué se persuasivo, aunque razoné en que, con los efectos de la droga encima, sería casi imposible contenerlo. Las preguntas siguieron, y mi nerviosismo estaba a punto de hacerme temblar al extremo. Me controlé porque ellos se podrían aprovechar de ello. El güero me preguntó el lugar de nacimiento y se lo dije. Dado que yo no nací en Sinaloa, eso fue relevante para el güero y el morro.
—Así que tú no eres de aquí, no eres de Culiacán, no conoces estos rumbos y te vas a ver con alguien... A ver... ¿qué dijiste que ibas a hacer por aquí? —, inquirió el güero.
Temí que mi huida o la libertad sería imposible, rápidamente pensé que éstos buscaban gente de fuera para matarlos en caso de que fuera algún espía o "soplón". Ahora, sería difícil convencerlos de que en realidad yo soy quien soy, y no quien ellos esperaban. Traté de sostener la mirada del bato pero no pude. En vista de mis respuestas que confirmaron lo que yo ya había dicho, me dejaron ir. Me devolvieron las credenciales, me di la media vuelta, y el güero me habla para que le diera la mano. Creí que si se la daba, me jalaría y me subiría al auto. Sin embargo, si no se la daba, el tipo se molestaría y vendría lo peor para mí.
Me fui a paso regular de ahí. Se me hacía lejano el fraccionamiento ISSSTESIN, y me mantuve tenso por si los tipos pensaban en dispararme. Calculé distancias y entre más me alejaba, deduje que sería más difícil que me hirieran. Saqué el celular para marcarle a mi hermana, después de haber quedado fuera de la vista de los tipos. No hice la llamada porque no traía saldo ni tarjeta telefónica.
Llegué a un lugar con varios edificios departamentales. Estuve preguntando a la gente de ahí cerca por las pistas que me había dado el señor del departamento, y después de consultar a 2 personas, cuando me dirigía hacia el lugar señalado una de ellas, me dio alcance el tipo güero en el Tsuru. El tipo me llamó a señas, pero yo me hice el despistado y actué como si hubiera sido un saludo, así que lo saludé. Mi paso era rápido por lo que el güero aceleró el Tsuru y se subió un poco a la banqueta para cerrarme el paso. Me detuve sorprendido. Muchas cosas me pasaron por la cabeza, y supuse que hube causado el enfado del güero, en consecuencia vendría "el levantón" o el asesinato por si me resistía.
—¡Espérate, espérate! —, me dijo con movimiento demasiados bruscos. Abrió la portezuela del copiloto y me indicó que me subiera. Mi mente estaba en contradicción, porque moví la mano hacia el auto, pero yo deseaba salir corriendo de ahí.
—¿A dónde vas? ¡Espérate...!—, insistía el güero, y salió del auto, tomó su radio e intentó dar un pulso para llamar a alguien.
Le dije que no me subiría, y escuché que alguien se acercaba por atrás. Volteé y miré al morro de la gorra con un par de botes de cervezas en la mano.
—¡¿Qué pasó, qué pasó?!—, dijo el morro colocándose entre el auto y la pared por si había pensado en salirme por ahí. El güero inició sus cuestiomientos y empecé a tartamudear, a decir incoherencias. Les mentí con que ya me había visto con el señor del departamento, y caí en cuenta en que ellos me llevarían ahí por el hecho de estar libre, por lo que corregí en que aún no lo había visto, con el temor de hartarlos al notar mi contradicción. Tan drogados andaban que no se dieron cuenta de ello. Les dije que el señor venía en un Jeep café, y volteé a la derecha (pues estaba recargado en la pared) y miré al vehículo descrito, y también al señor parado a un lado. Eran las 3:44 pm, y la hora límite para vernos el señor y yo era a las 3:45. Afortunadamente, el señor también volteó y le saludé. Como yo le había dado mis características, el señor me reconoció y me contestó el saludo. Los tipos del Tsuru, me dejaron ir con una condición:
—Ve para allá, pero te vamos a esperar... ¡Y te vienes para acá!
"¡Sí cómo no!", pensé. Llegué hasta donde estaba el señor, nos presentamos y nos subimos al Jeep. Le pedí que me llevara lejos un rato porque los tipos del Tsuru me querían levantar. Él se alarmó y dijo que el departamento estaba por ahí. Dimos la vuelta a la cuadra, y pasamos por donde estaba el Tsuru. Bajamos del Jeep y subimos al edificio, justo al 4to. piso. Entramos al departamento y lo revisamos. Me asomé por la ventana, y miré que aquellos individuos esperaban a una distancia apropiada para ver todos mis posibles puntos de huida. Ante lo que veía, mis nervios me descontrolaron y temblaba notablemente, deseaba que todo eso fuera un sueño, una equivocación, o sólo un susto, pero comencé a resignarme a la muerte, y mis pensamientos buscaban huida y razonaba que no me quedaba nada que hacer sino entregarme a ellos. Observé que ellos pisteaban en la calle, sin preocuparse de ser amonestados por alguien; sospeché que eran policías, o delincuentes protegidos por algún cuerpo de seguridad. Lamentaba no tener saldo ni tarjeta para llamarle a mis amigos o a mi hermana. Le envié un mensaje por cobrar a ella, y no me creyó.
Pasaron duramente 10 ó 15 minutos. El señor se mostró muy tranquilo, pero después tampoco pudo mantenerse así y empezó a fumar. Él hizo todo lo posible por calmarme, sólo que sus comentarios, que podrían sonar sarcásticos, me alteraban más. Me decía que si los tipos querían levantarme, lo habrían hecho desde hacía rato, o que tal vez estaban confundidos, a lo que le contestaba que cómo podría hacerlos entender y que me creyeran. Busqué la forma de arreglármelas solo para evitarle problemas al señor. Él se ofreció a ayudarme, llevarme de ahí y asegurarse de que yo estaría a salvo. Se lo agradecí sinceramente.
Decidimos bajar el edificio y llamar desde la caseta telefónica. Fui a un par de departamentos para que me prestaran el teléfono. Nadie quiso hacerlo. La caseta estaba en la calle, a la vista de los tipos, y el señor sacó una tarjeta. Busqué mentalmente a alguien que viviera cerca y que también estuviera en la ciudad. Le llamé a un amigo de la escuela. Accedió a que llegara ahí a resguardarme.
El señor y yo nos escondimos detrás de una camioneta porque los tipos se estacionaron enfrente de los edificios. Se bajaron y entraron a una casa donde había una fiesta infantil. Esperamos un rato, éstos abordaron el Tsuru y se alejaron. Se movieron para tenernos más cerca. Aprovechamos eso para abordar el Jeep y salir de ahí. Cuando arracábamos, el Tsuru estaba llegando de nuevo a su posición.
Fue uno tortuoso traslado, porque circulábamos por una avenida con muchos señalamientos de altos y topes. Nos detuvimos en una gasolinera, y tardamos un poco porque estaba saturado de carros.
No volteé en ningún momento hacia atrás, excepto en la gasolinera, para ver si nos seguían.
Por fin, alcanzamos la casa de mi amigo y le agradecí, incluso, quise pagarle la gasolina pero él se negó. Entré y traté de relajarme, de pensar en otra cosa, y no pude.
A las 6:50 pm, me regresé a la casa y llegué al lugar como a las 7:20 pm. Me encerré y me tiré en la cama. Esperaría que mi hermana llegara.
El lunes 07 de mayo, después de haber comentado mi caso a varios amigos, alguien muy cercano le llamó al señor para agradecerle, de mi parte, toda la ayuda, y de paso, preguntar por su bienestar. El señor dijo estar bien y reiteró que yo me tranquilizara, que nada iba a pasar. Él comentó que hubo regresado al departamento y lo interceptaron los tipos. Le cuestionaron y se identificaron como policías ministeriales. Le explicaron que andaban haciendo inspección de rutina y que por eso me había hablado. La persona que le llamó al señor, como no esperaba algo así, de nuevo le agradeció todo y colgó. Me llamó enseguida para informarme de la charla.
Me dio coraje al saber que los tipos eran ministeriales, y me sentí más inseguro porque si quisiera hacer alguna denuncia, correría mayor peligro cuando tuviera que enfrentarlos.
Me indigna el abuso de autoridad, y más recientemente, porque en pleno centro de la ciudad, levantaron a un periodista a la luz del día, con argumentos absurdos en lo absoluto. Me produce tristeza que los asesinos acribillen a personas delante de sus familiares, también que aniquilen a familias enteras, o ataquen a muchos sólo por intimidación y diversión de los narcos, júniors, policía corruptos, etc.
Siempre he defendido el derecho de libertad, de expresarse y de vivir. Es una lástima tener que cuidarse ahora de aquellos que se suponen deben dar protección y seguridad, y de abstenerse a la denuncia u otro tipo de llamado. Ni las campañas publicitarias pueden dar la seguridad de que estamos a salvo, ni tampoco ver las caravanas de las BOMU crea bienestar, ni ser influyente garantiza la sobrevivencia, ni ser persona pública exhonera de la muerte, ni ser periodista impide ser víctima de ataques.
A partir de esa mala experiencia, estaré continuamente arremetiendo contra todos aquéllos que atenten contra el estado de derecho del pueblo.
Agradezco de antemano, sus comentarios y sugerencias.
©Mundo Oskuro 3JC1 XXI
Culiacán, Sinaloa, México
2007